domingo, 30 de marzo de 2008
CANCIONCITA A UNA BASTARDA
Cuando la noche tenga que vivir de una lámpara
No llames
Habrá perfumes por doquier, olerá a gato depilado
A vieja lacaya de palomas déspotas
No seremos poesía,
Pero somos la porquería más bella que engendró esta noche bastarda
No habrá sitiales en el monte de los olivos para los farsantes
¿No cierto, Jesús?
La histeria se come feliz al amor reposado de las catedrales
No hay suficiente luz
La luna ya mata
Las coronas caen del cielo que por hoy no las quiere
abundan noticias sobre un triste final
se acerca
les temo
pero de nuevo un grito del puro deseo me habla
y sonrío quedamente
dientes chillando llaman a la lumbre
fuego, luz, luna no se vayan
(Taxi, por qué no llegas)
Otra vez la luna rueda entre piernas de mujeres feas
Todo es así como de mentira, como de sal
El respiro de dulce mariposa coja de nuevo acongoja
Y un fuego de palabras se vuelve cierta vida
Ojos epilépticos me estorban
La obligación de beber aquel veneno nos tiene hartos
Nos tiene escondidos en cráteres de nieve, como cañones oxidados
Mientras nuestros demonios, alrededor, silban muchos silencios
Destrípame si es necesario
Corramos desnudos siguiendo a la luna como perritos
Ya no importa que huela a vida
La resignación llega tarde
pero,
como monja frígida es fiel
como bálsamo es eficiente.
como solución es alusión ilusoria.
El cementerio es un bonito jardín
Comamos de sus flores,
los boleros no se han gastado demasiado
aun quedan copas rotas,
Y un aliento muerto que me da placer
Que eleva mi gloria hasta alturas impensables y me da un descanso
Cósmico borrachero y tenaz.
Será el cielo en muchos aspectos,
En todos es el infierno.
viernes, 28 de marzo de 2008
Victimaria.
Me han dicho que estoy muy críptica?
Veamos que dicen mis amigos literatos...
Victimaria.
.Mentí.
El rostro inacabado,
trizado en el aliento,
dio la otra.
Los hombros blandos cargaron tu certeza,
tus esfinges.
Asustada mocosa acusada,
parida con el pene alevoso
de las cucarachas que engendraste.
.Me estremezco.
Acorralados ojos grandes, inéditos,
pobre pobre,
bajo la suela de tu nombre.
Sentí el golpe.
Y sangraron mis encías.
Siete días, todo el mundo sangró.
Hasta por tus ojos mis encías.
Lo sentí macabro, y dije no.
Hoy no.
Ya no.
Y agarro tus cabellos repugnantes,
con la fuerza crispada acumulada de la historia.
Y obligo.
Mírame a la cara,
porque en la cara de famoso desdichado te lo traigo.
En tus cuatro pupilas.
Las dos,
que la parafernalia mentirosa de tu drama arrancó.
Las otras dos que miran encantadas
solazadas de perfidia
adorando la obra magna
que despojó.
Y te lo traigo
cargado de equivocadas conciencias acalladas.
De rumores la culpa,
errada.
Es el escupitajo del mundo,
la arcada más certera,
que pueda dibujar el asco.
Es el escupo del mundo,
vomitado de nostalgias y tu desgracia,
tuya.
Tiene los dejos
de la sangre que corrompiste.
Tiene la esperma húmeda
que quedó de tu agresión.
Te escupo el rostro de imposibles llantos,
vacío de todo
quieto en la mueca
el espanto.
Y te desgarro todo, perverso inconcluso
humillo tu alma aterrada de espejos.
Y si escondes la otra, la arranco con uñas.
Pues ha llegado el destroce.
Tú, me quebraste un padre.
Y con la carcajada obscena de ti asimilada,
me cago, en lo que queda de tu imagen.
Ahora, ahora me toca a mí, Edipo victimario.
In-Corpóreo
In-Corpóreo.
El que arranque lo de niña,
La mujer, que revuelque la osadía.
De qué huyen, manos ásperas,
sutiles de torpeza,
¡que desborden el pálpito anhelante!
Y que no choquen mis rodillas,
¡que ría el lecho querría, que ría por Dios,
que ría!
Escultor incorpóreo,
de mí,
Etéreo de absolutos,
abrumante impasible,
íntimo.
Tu paso de polvo aniquila,
el susurro rasguña-cribilla.
¡La inhibición no te esculpe! No tallo,
no hay flor.
Y mis piernas-entre-mezclan
el fondo blando de mi anhelo.
¡Arráncame lo de niña!
De una buena vez arranca,
estruja, estrangula.
Que quiero ser felina madre,
sigilosa protectora.
Que quiero quebrar tus dedos
y volvértelos a sanar.
¡Ven y salva el desconsuelo!
los pliegues, el murmullo
moribundo desgarrado.
El eco de lo dormido,
dormido debajo del rastro.
¡Salva el gemido mutilado de tu ausencia!
Dónde están las manos tristes del
rozar desaforado,
que sólo mis ojos alegren,
dónde están, ¡que no se quiebren!,
se vuelen,
no reconozca.
miércoles, 19 de marzo de 2008
Hitler y la Teoría de los Testículos
En fin, como que subo un fragmento de una cosa más larga que estoy escribiendo, que al final no sé si va a ser un drama, o una novelita, o que weá.
Lo sé: soy tellible de artistoide por haber dicho eso. Pero cosas de la vida.
Bueno, aquí va. Espero que no sea muy largo para el formato blog. Chau.
"Hitler y la Teoría de los Testículos"
-Ven acá, Orlando. Seguramente tu padre te contó que aquel Hitler del que hablaban tanto en aquella época era una persona maligna, ¿no es cierto? –asentí con la cabeza- Me lo suponía. Pero... ¿te explicó por qué era una tan malvado y retorcido?
-No –dije yo.
Mi abuelo esbozó una sonrisa.
-Acércate –dijo-, te lo explicaré.
ABUELO: Muchos científicos de hoy en día creen que lo saben todo. Que todo puede resolverse con su famosa ciencia. ¡De que el mundo, prácticamente, les pertenece! Pues bien, mi querido Orlando, seguramente oirás muchas teorías disparatadas de porqué Hitler hizo esto y aquello: mala crianza, experiencias traumáticas en la Primera Guerra Mundial, la situación catastrófica en la que se encontraba su país, y un largo etc. Pues bien, la razón de porqué Hitler es tan malvado es mucho más simple de lo que todos creen. Hitler, hijo mío, tenía un solo testículo.
Así es. Un solo testículo. Es algo que pocos saben ya. ¡Sólo los viejos fósiles conocen aquellos secretos de la guerra! Cosas que no salen en los periódicos, pero que se transmiten de boca en boca. Conocimiento no oficial, pero que vale más que toneladas de oro. ¡Es el conocimiento de los ancianos! Cosas que no escribiremos y que morirán una vez que nosotros muramos.
Pero en fin. Seguramente te estarás preguntando cómo es que Hitler tuviera un solo testículo le hiciera tan completamente maligno. Escucha bien, hijo mío. Lo que estoy apunto de contarte es sabiduría ancestral que ha sido transmitida de generación en generación:
La mujer siempre ha sido un misterio para nosotros, el hombre. No sabemos cómo funciona. Cuando crezcas, probablemente muchas veces te lleves las cabezas a las manos, exclames “¡mujeres!” y te quejes que no las entiendes. No te aflijas. Nadie, nadie las entiende. Y el que dice que lo hace, pues bien, está mintiendo–el abuelo empezó a hacer gestos con sus manos, alzando los brazos al aire-. ¡Son una maraña de sentimientos, pensamientos, emociones, sensibilidad, contradicciones...! ¡Lo son todo y nada al mismo tiempo!
Pues bien. Al contrario, nosotros, los hombres, largo tiempo ya que hemos descubierto nuestra forma de funcionar. ¿Ves para donde estoy yendo? ¿No? Pues seré más específico –se acercó a mí y bajó la voz, como si estuviera confiándome un secreto-. ¡Hemos descubierto físicamente donde se concentran todas nuestras cualidades positivas y negativas!
-Así es. Todas nuestras virtudes y defectos están concentrados en partes físicas de nuestro cuerpo. ¿A que no adivinas dónde? –hizo una pausa-. Pues bien, en los testículos, mi pequeño Orlando. Toda nuestra espiritualidad está encerrada en nuestras bolas. ¡Todo aquello que parecieras sentir en tu pecho (tristeza, alegría, euforia, nostalgia...) son emociones que en verdad provienen directamente de tus testículos! Después de todo (je), es ahí donde nace la vida.
-Déjame explicarte más sobre esta “Teoría de los Testículos”. Como dije antes, tienes toda tu espiritualidad en ellos. Ello significa que tu alma, tu propia alma, está encerrada en aquellas famosas bolas. Tu alma, llena de tus matices propios, de tus talentos únicos, así como tus vicios más inmundos, está ahí abajo. El ying y el yang, hijo mío. El bien y el mal. La virtud y el defecto.
Ahora bien, cada testículo representa, por defecto, un polo de tu ser. La parte oscura de tu persona en un testículo y la parte luminosa en otra. Podríamos decir, redondeando, que uno de tus testículos contiene toda la maldad en ti y el otro todas tus virtudes.
Ya sé que lo piensas, Orlandito. Seguramente te estás preguntando: “pues bien, abuelo, si una de mis bolas contiene toda la malignicidad que llevo adentro, ¿por qué no me lo corto? ¿No sería de esta forma un hombre mejor? ¿De hecho, abuelo, no sería el mejor hombre que pudiese aspirar a ser? ¿Y por qué no todos los hombres hacen lo mismo? ¿Cortarse el testículo maligno? ¿Vivir sólo con uno, con el bondadoso, el virtuoso, el luminoso, y hacer el sueño de una sociedad perfecta con gente más bondadosa, amable y grandiosa más cercano? ¿Por qué no todos los hombres nos extirpamos el testículo maligno, y vivimos en paz y en armonía con nuestro testículo restante?
Pues hay un gran problema, mi pequeño. ¡No sabemos cuál testículo contiene el polo malvado! Varía en todo los hombres, nunca es igual para todos. Podrías estar cometiendo el error de tu vida cortándote un testículo, hijo mío. Sí, de acuerdo; podrías convertirte en un nuevo Gandhi, en un nuevo Martín Luther King, o incluso Jesús (¡quién sabe!) si te extirpases el testículo maligno. ¡Pero cuidado, hijo mío, si llegaras a cortarte el testículo bondadoso! ¡A saber en qué te convertirías! ¡Toda la bondad se iría para siempre de ti! ¡Te convertirías en un monstruo! ¡En un asesino! ¡En una bestia sedienta de sangre, una criatura mentirosa, tramposa, vil, inmunda, sucia, cruel, despiadada...! Nunca lo hagas, nieto. ¿Me oyes? Hay un 50% de que te transformes en algo que no te quiero ver convertido. Y eso es una probabilidad muy alta.
Ahora bien. Volvamos a Hitler. Oh, este Hitler. Era un joven alemán como todo el resto de los otros. Un buen día lo llamaron a la guerra, le pasaron un fusil y lo tiraron al frente. Lo hirieron. Regresó a su casa. Pero el pequeño y adorable Hitler que había abandonado el hogar lo había hecho para siempre. El joven alemán que regresó era el Anticristo personificado. El ser más terrible que uno jamás se pudiese imaginar. Malvado hasta la último podrido átomo de su cuerpo. ¿Y sabes por qué?
El abuelo me miró fijamente. En sus ojos había la fuerza de un hoyo negro.
-¡Porque Hitler perdió uno de sus testículos en la guerra! Así es. Hitler, armado de sólo un fusil, corrió a territorio enemigo (más específicamente, francés) aullando gritos de guerra y predicando la muerte a todo aquel que se le cruzara en frente. Y un joven francés, que le vio venir entre todo aquel humo y griterío, quiso darle una lección al arrogante joven alemán que se acercaba a su trinchera y pretendía salir intacto. Si aquel joven francés hubiera tenido mejor puntería, mi nieto, quizá nunca hubiera habido una Segunda Guerra Mundial. Pero (lamentablemente) ese no fue el caso. El joven francés del cual te estoy hablando sólo tenía 17 años, había sido enrolado a la fuerza y sólo había tenido una semana de entrenamiento. Pues bien, cuando vio al joven Hitler correr a su trinchera, supo que el momento de actuar había llegado: cargó su rifle, apuntó a la cabeza, apretó los dientes, cerró los ojos y apretó el gatillo.
Cuando los abrió, vio a lo lejos al joven Hitler en el suelo. Vive la France!, pensó el joven francés. Je l’ai tué. Y luego miró a otro lado, buscando a otro enemigo en el cual usar su recién estrenado rifle.
Distinta hubiera sido la historia si se hubiese fijado en el joven Hitler unos segundos más. Porque (como todos sabemos) el joven Hitler no estaba muerto. El joven francés, cuando cerró los ojos, desvió su rifle hacia abajo y el disparo vino a darle a uno de los testículos del futuro Führer. Hitler estaba en el suelo, gimiendo de dolor, agarrándose la entrepierna y descubriendo en esos instantes que uno de sus testículos había reventado. Y fue en ese momento, Orlandito (¡en ese momento!) en que todo el resto de humanidad que quedaba en Hitler se perdió para siempre. Las virtudes que habitaban en él fueron inmediatamente devoradas por sentimientos malignos; su corazón se llenó de odio a los judíos y su cerebro se contaminó de ansias belicosas. Hitler, finalmente, se había transformado en lo que conocemos hoy: ¡en el ser más malvado de la Tierra!
Silencio. El abuelo me mira fijamente.
Papá se acerca.
PAPÁ: Bueno, ¿y de qué hablan tanto, ustedes dos? (Me mira. Mira al abuelo. Pausa larga). Oh, mierda. Le contaste la Teoría de los Testículos.
ABUELO: ¡Pues ya estaba en edad para conocerla!
PAPÁ: (a mí) Escúchame bien. Olvida todo lo que acaba de decir el abuelo. No son nada más que una sarta de estupideces.
ABUELO: ¡Estupideces tu abuela, que en paz descanse! ¡La Teoría de los Testículos es conocimiento popular! ¡Un secreto pasado de generación en generación!
PAPÁ: Oh, cállate papá. ¿Sabes cuánto tiempo creí que tu teoría era realmente verdad? ¿Sabes cuánta vergüenza he pasado en mi vida gracias a tus famosas enseñanzas? No hay ningún testículo que contenga el Bien ni otro que contenga el Mal. Son solo eso, papá: testículos.
ABUELO: (suspira) A ti no te pude enseñar, por lo que veo. Tal vez tu hijo comprenda mi sabiduría.
PAPÁ: Lo dudo. (a mí) Vete a jugar con mamá. Tengo que tener algunas palabras con tu abuelo. (Me quedo quieto. Papá frunce el entrecejo). Ahora.
Obedezco.
sábado, 15 de marzo de 2008
VACILACION NOCTURNA
VACILACIÓN NOCTURNA
De la taza al vino cuando decidimos por la humanidad
Que avanza, siempre abraza
Lo efímero a los labios.
Los cristales exhalan una hemorragia de muerte.
El polvo sonámbulo cayó,
Levitó sobre mi cabeza borracha
Como suave brisa, en finas gotas de lluvia.
El vino fue la selva, y los gritos.
Los míos y los de lo invisible.
Los tambores en persecución.
La paranoia.
La travesía se pegó a mi cuerpo, justo ese día,
Cuando una cola de sirena embrutecida me seguía los pasos
Y el horizonte, verde en sus mañanas,
Cambiaba ángeles por serpientes
Y risas por sapos.
Algo arde y sangra
Pero en los cielos no se incrusta la carne,
no pululan los misioneros ni los cócteles de tibios bálsamos.
A los alrededores, sé que hay altares.
Los oigo en mis sueños, como se ríen mientras roban a sus padres.
Aquí no hay nadie,
Hay nadie en los arcoíris:
Los espejos son amplios.
La selva se duerme sobre mis brazos
Y yo me muero,
Me muero en su sueño carmesí.
¿Acaso eres tú?
Una cascada de sal me baña los labios
Y el vino me regala huracanes, olas arrepentidas.
Una mueca siniestra me señala abismos.
El reflejo del eco de tu voz.
El reflejo,
El reflejo…
.Espontaneidadespuras.
Al-ataque.dela Sin-seriedad.
No puedeser...
Por qué apareces, si te enterré tresveces,
ochoflores
seiscanciones
gatomudo
que día fome,
.blando.
cervezas y pasto
cemento y baba
pato pedófilo
lenguasecas
lagunaérea
Pero apareces.
Y tengo cinco manos que se angustian
me tocan el rostro parpadeante sin ojos y sin ventanas
.No puede ser.
ESCAPAR-TE
.como una inevitable extranjera de todo lo que no seas tú.
Pero, es la droga me digo.
Es la droga.
Nada que no quite una buena dosis de sobriedad.
Algo me molesta.
Me molestas TÚ hijo de puta eterno, lejano.
¿Debo decir que te extraño?
No no.No.
Es la droga.
Recordar...Extrañar... ¿te?
No no. No.
Saca eso, sácalo, esuna orden.
No es lo mismo.
No puede ser...