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viernes, 1 de febrero de 2008
Las cosas que pasan cuando uno no se entiende
Hoy estaba sentada al borde de mi cama doblando ropa. Tomé un pantalón y al agitarlo para que se estirara, botó un vaso que estaba dispuesto al borde del velador, el cual se encuentra junto a mi cama. Al caer el vaso, pero sobretodo al chocar directamente con el piso de madera y producir un estrépito atronador, me he puesto a llorar como una magdalena. Fue instantáneo. Casi podría decir que el choque del vaso contra el piso y mi llanto convergieron, más bien cumplieron una cita convenida vaya a saber yo cuando. Y ahí estaba yo, víctima de todo aquel complot tramado por un vaso y mi llanto. Lloraba con desconsuelo, y desesperanza, pues no sabía por qué lloraba, si por el vaso, por el piso o por estar al borde de la cama doblando ropa sin razón.
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